Inventario

Ojos hermosos. Generalmente altos. Rubios ó morochos... nunca un colorado, ahora que lo pienso.
Músicos, artistos, antropólogos ó simplemente virtuosos. Aunque siempre existieron peligrosas excepciones.

Que cosa. Siempre la típica tanguera, sentimental hasta el empalagamiento, que mientras toma mate amargo entre los malvones del patio y entre pitada y pitada, es capaz de cantar:

"De cada amor que tuve tengo heridas,
Heridas que no cierran y sangran todavía".


Bueno, que tanto...más allá de esa nostalgia que viene a veces y es hasta disfrutable, esas heridas son necesarias como el aire. Las marcas también dibujan el mapa del alma.
Es maravilloso morir y renacer todo el tiempo con un tesoro nuevo bajo el brazo, cada vez. Luego de comprender esto es inútil repetir recetas: intentar volver allí donde una vez existió la felicidad (ó algo parecido).
A pesar de los (t)errores no existe la equivocación. Siempre hay que tomar lo que el camino da, y lo transformarlo en nutrimento.
Con lo que no sirve, ya se sabe del sabio discernimiento de la digestión.

Ya que estamos, me voy a preparar un boldo.