Querer es poder.
Tipo corre forzosamente tras el colectivo con elegancia casi bovina. Colectivero conmovido frena y lo espera precisamente 7 segundos poniendo en serio riesgo su planilla de horarios. Tipo que corría por fin logra treparse al colectivo.
Colectivero mira al tipo cansado. Tipo cansado con gesto triunfal despliega una bella sonrisa cargada de y gratitud. No es tan difícil la felicidad, después de todo.
Niño aprendiendo
Hijito del que conversa con el colectivero, está parado escuchando la conversación “equis” por demás gestual y adivinable. Cada mujer que saca boleto es motivo de una radiografía. Cada radiografía es seguida de un comentario y una risotada cómplice. Niño se aparta y se sienta para entender la lección. Mira por la ventanilla entre confundido y triste.
No, no está hablando de mamá.
Espectáculo desagradable.
Mujer con dedos de los pies enrollados hasta decir: "basta!" en una sandalia cerrada. Por la zona lateral del pie, se observa prisionero y compungido el pequeño meñique ajuanetado. Zoom de la zona analizada: uñas rojas y descascaradas.
Respaldo caliente y sudado por usuario anónimo que acaba de levantarse.
Allí es donde me toca apoyar la espalda. Entro en contacto en ese microclima pensando con repudio que aquello es casi un acto íntimo. De repente salta en mi cabeza Calamaro cantando “Así es el calor”. Intento sentarme derecha para evitar la proximidad del respaldo, pero el colectivero pega frenadas y refrenadas que me convierten en un inevitable muñeco de goma que rebota en el sospechado respaldo.
Me paro. A mis costados mucha gente salida de sus trabajos con los brazos levantados. Y Calamaro sigue cantando: “Así es el calor”.
