Estamos todo el tiempo cruzando abismos. Pendemos de cuerdas. Cuerdas que otros han tejido desde siempre, cuerdas que desde nuestras pequeñas existencias tejemos. Cuerdas que nos sostienen, cuerdas con las que atamos y desatamos tanto objetos como seres. Cuerdas con las que nos inventamos el pavimento que pisamos. Claro que esto lo hacemos naturalmente, lo aprendimos a la par de nuestros pasos.
Si miramos para abajo sin terror, es porque no tenemos idea de lo que hay allí.
Y está bien la inconciencia.
